Prácticas habituales de relajación



Ejercicio 1

Buscar un lugar tranquilo, mejor en penumbra y con luz natural. Debes vestir ropa que no te apriete ni constriña. Túmbate boca arriba sobre una superficie rígida pero algo mullida, como una alfombra o una esterilla de camping. Deja que tus brazos reposen a ambos lados del cuerpo, con las palmas hacia arriba, y que tus piernas se relajen ligeramente entreabiertas. Cierra los ojos y comienza a respirar suavemente. Empieza a concentrarte en las diferentes partes de tu cuerpo: los pies, las piernas, la pelvis, la cintura, el torso, los hombros, los brazos, las manos, la cabeza. Trata de ir relajando cada una de esas partes progresivamente, sintiendo cómo se sueltan los músculos, cómo van distendiéndose cada vez más. Mantén en todo momento una respiración pausada y constante. Cuando termines de relajar los músculos del cuerpo, concéntrate en la imagen de un paisaje apacible y relajante: un bosque cuyas hojas mece una suave brisa, una montaña nevada bajo el sol, las olas de la playa al atardecer... Deja que te vaya invadiendo el ritmo de la tierra mientras te sientes parte de esa naturaleza pacífica...



Ejercicio 2

Busca un lugar tranquilo y en penumbra y asegúrate de que nadie te va a molestar. Apaga el móvil, descuelga el teléfono fijo, desconecta la radio. Busca una posición que te resulte cómoda: puede ser tumbado en una esterilla, como en el ejercicio anterior, o en tu sofá preferido, aunque es preferible que no estés demasiado cómodo... que la idea no es terminar roncando.

Cierra los ojos y repite varias veces mentalmente: "Estoy completamente relajado". Dilas una y otra vez, sin prisas, saboreando cada una de las palabras, asimilándolas, masticándolas. Asúmelas como si fueran parte de ti, como si se tratara de un mantra hindú. "Estoy relajado". "Estoy completamente relajado".

Cuando notes efectivamente que estás tranquilo, comienza a repetir: "Me pesan las piernas". Nota su masa contra el suelo (o el sofá), la sensación de su peso, su placentera gravidez. Repite el proceso con cada parte de tu cuerpo: las piernas, los brazos, la cabeza...

Tras terminar, repite el proceso, pero esta vez pensando que estás caliente: "Mi pierna está caliente", y sucesivamente. Se trata de que tu cuerpo perciba ese calor y lo utilice para profundizar su relajación.

El siguiente paso es regular el ritmo de tu respiración. Piensa en el aire, en la manera que tiene de entrar y salir de tus pulmones, en la cadencia con la que respiras. Repite: "Respiro tranquilamente", dilo una y otra vez, hasta que tu ritmo se haga constante y relajado.

Después concéntrate en tu corazón: en sus latidos rítmicos y regulares, en el suave bombeo del pecho. Repite: "Mi corazón está tranquilo" una y otra vez mientras sientes la sangre que va recorriendo tu cuerpo a cada latido.

Y, para terminar, piensa en tu cerebro. Imagínate que algo fresco se posa en tu frente y te alivia la tensión. Repite: "Mi cabeza está relajada". Dilo una y otra vez, hasta que sientas que todo tu cuerpo se ha distendido y se encuentra en calma.